La bolsa y las desgracias.

A mediodía de este 24 de marzo de 2015 una noticia ha sobrecogido al mundo entero. La desgracia se ha cebado en el aire con 150 personas al estrellar su avión en una recóndita montaña de los Alpes franceses. Trabajadores, turistas, empresarios, estudiantes, alemanes, españoles, turcos, en definitiva, personas de todas las edades y condiciones han visto truncada su vida de improviso y sin poder hacer nada por evitarlo. El resto del mundo nos debemos de conformar con conocer las causas, aún inciertas, y con enterrar dignamente a los fallecidos. La vida y la muerte se entrecruzan a diario ante nuestros ojos en un mundo interconectado.

Es precisamente una noticia relacionada con esta desgracia la que me mueve a escribir estas líneas. En el parte de las 18:00h, en una radio española que estaba escuchando, una periodista económica que informaba sobre la evolución de los mercados en el día de hoy ha indicado, apresurada, que la bolsa ya se ha recuperado a estas horas de la caída protagonizada por los valores de las compañías aéreas. Un escalofrío me ha recorrido el cuerpo y una nausea se ha asomado a mi garganta. ¡La bolsa ya se ha recuperado! ¿Qué quiere decir con esto? ¿Qué tiene que ver la bolsa con lo sucedido?

Las respuestas se me antojan aún peores. Podría ser que las personas que trabajan a diario en las bolsas de todos los países se han conmocionado con la noticia, han dejado de trabajar durante unas horas pero, dada su ajetreada actividad, su duelo ha durado hasta la tarde. Qué lástima que los familiares y amigos de los fallecidos no puedan trabajar en la bolsa y deban de acarrear su dolor para toda la vida; También podría ser que desde los cómodos despachos que albergan a los “brokers”, ejecutivos de inteligencia sobrenatural hayan adivinado las causas de la tragedia y, por tanto, se hayan anticipado a los efectos de un atentado, nuevos accidentes en aviones similares o al colapso de sistemas de información en vuelo. A las 18:00h ya habían descartado tener que avisarnos a todos para proteger nuestra vida. Se me ocurren más causes, inverosímiles, pero creo que la cosa no va por ahí.

Antes de escribir estas líneas, tras una brevísima búsqueda, compruebo que las compañías aéreas han sido “castigadas” en otras ocasiones. Por no retrotraerme mucho, en agosto de 2014, la bolsa las penalizó largo tiempo debido a la crisis humanitaria causada por el ébola. En abril de 2013 fue el rebrote de la gripe aviar en China la que promovió un fuerte descenso de las cotizaciones. Vidas perdidas, avaricia y muchísima mezquindad parecen los ingredientes comunes de los casos mencionados.

Al final, me decanto por otra explicación. En mi imaginación, unos entrenadísimos expertos financieros aprovechan estas horas de confusión y dolor para ejecutar algoritmos que les permitan adquirir valores para su cartera con un gran descuento o ganar grandes sumas de dinero operando activamente en el pico de la gráfica, inesperado pero apropiado. En mi imaginación, exitosos profesionales de las finanzas, perfectamente vestidos, perfumados y ataviados con lujosos complementos para aparentar, toman una gran cerveza esta noche en exclusivos clubs de Londres, Frankfurt, Paris o Madrid para celebrar su rentabilísima operación de hoy. En mi imaginación, más de uno de estos “brokers” se atragantan con la cerveza a la hora en que los medios de rescate tienen que abandonar el lugar del accidente por la caída de la noche.

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