La formación de “supergerentes”

Edem, la escuela de empresarios que impulsa Juan Roig (Mercadona) prepara para el próximo curso un grado especializado para la formación de “supergerentes”. Para tal fin, el grado combina conocimientos técnicos de diversas ingenierías con aquellos propios de la gestión empresarial. Dice Roig que el MIT o Stanford han sido pioneros en este tipo de titulaciones. Sí, parece perfecto para que, al fin, los altos directivos del mañana puedan justificar sus altísimas remuneraciones por ser capaces de comprender todo lo que ocurre en una gran compañía, hecho que actualmente suele causar desequilibrios entre la estrategia financiera de una empresa con la de I+D o con la de recursos humanos.

Personalmente considero que no es algo novedoso sino una vuelta de tuerca al efecto que las escuelas de negocios y sus MBA han causado en el mercado laboral español: una gran cantidad de capital humano que sigue soñando con un meritorio empleo que les lloverá del cielo tras el esfuerzo ímprobo en el que han incurrido durante su formación. Una ilusión que deja a muchos españoles sobrecapacitados para servir tapas en un restaurante español de Londres. Con una diferencia, un ingeniero poseedor de un MBA o un economista con un máster en energías renovables siguen siendo un ingeniero o un economista que buscan adaptarse al mercado mientras que un “supergerente” sólo podrá ser “supergerente”. En suma, España seguirá siendo famosa por crear directivos, pero no empresarios.

El mero concepto “supergerente” hace pensar en “supercompañías” sin embargo, el tejido productivo español se caracteriza por estar formado por Pymes y Micropymes, o lo que es lo mismo, autónomos. No creo que un “supergerente” quiera soportar las condiciones de trabajo a las que se ve sometida una pyme española. Tampoco creo que sea de fácil aplicación lo necesario en una gran compañía en un entorno más pequeño y menos jerárquico. Más bien considero que responde a la necesidad de grandes empresarios, puede que hechos a sí mismos, que ya no quieren dejar su creación solamente en manos de un ingrato descendiente. También me parece que responde a la voluntad de grandes fondos de capital que requieren de intérpretes de la realidad que se esconde tras sus operaciones y balances. Es una excelente formación para servir al capital sin fronteras ni límites, no tanto a la economía nacional o al desarrollo de un país.

En definitiva no voy a aplaudir esta iniciativa. Valoro la idea de interdisciplinariedad que alberga, pero prefiero las iniciativas encaminadas a que los profesionales del mañana unan sus conocimientos entre sí y aboguen por la unión de nuestras empresas para ganar tamaño y masa crítica. Antes de crear artificialmente “supergerentes” prefiero que se creen “superempresarios”.

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