Spin-Offs, unas incomprendidas de moda.

Decía Aristóteles: “Si tanto me alaban, será por alabarse a sí mismos, pues al alabarme dan a entender que me comprenden.”

¿Cuántos emprendedores podrían decir esto mismo? Puede que todos. Es lo que tiene estar de moda y ser un cómodo lugar común para políticos, altos funcionarios, profesores, periodistas, opinadores y tantos otros próceres con empleo estable.

Dentro del emprendimiento, las “Spin-Offs” son la joya de la corona. La literatura económica dice de ellas que son un mecanismo alternativo a la licencia de patentes. Es decir, una forma de que los resultados de la investigación no se vendan de forma rápida y barata a la industria sino que sean utilizados para contribuir al desarrollo económico. Esto tiene mucho sentido, en un mundo globalizado, para que los esfuerzos de unos investigadores de una región sin industria no terminen alimentando a la industria de otra región que nunca generará empleo en su territorio. Tiene mucho sentido, sí, pero es más fácil decirlo que hacerlo.

No hay mucho consenso académico sobre qué debe considerarse Spin-Off y cómo se le identifica, pero hay bastante más consenso público. Se reconoce fácilmente la existencia de una organización matriz, normalmente una universidad; también aparece la figura de uno o varios investigadores que encuentran una solución de mercado y abandonan la universidad para explotar la solución comercialmente; el investigador pasa a ser empresario y a partir de ese momento debería aparecer los financiadores. Si todo sale bien tenemos un nuevo Apple (obviemos que Steve Jobs no era precisamente un “investigador”, sólo es un buen ejemplo por lo conocido que es). Pero no siempre todo sale bien.

En este momento la pléyade de modelos para el impulso de Spin-Offs es mareante y de orden mundial. Los hay universitarios, los hay gubernamentales, los hay empresariales e incluso conjuntos (basados en la triple hélice). Los factores para el éxito de cada modelo también son múltiples: recursos organizativos, incentivos públicos, estructuras de financiación privada, culturales, la fuerte presencia de industria en la zona y un largo etcétera.

En resumen, es un asunto tan a la moda como complejo. Aunque sí hay algunos consensos que se suelen obviar persistentemente: imitar un modelo o método que funciona en un lugar no es garantía de que funcione en otro; la presencia de industria en una región facilita el crecimiento de spin offs.

En Granada, en Andalucía también contamos con investigaciones y experiencia en la materia. Es decir, un buen número de spin offs (237 sólo en Andalucía y en 2010, según el trabajo de las profesoras de la UGR Isabel Román y Elena Gómez Las Spin-Offs universitarias en Andalucía. Caracterización Económico Financiera), y otro buen número de académicos y profesionales que están trabajando en el día a día de las spin offs que aquí se generan y se desarrollan. Pueblan las incubadores y los Parques Tecnológicos de Andalucía. Se fajan a diario por financiar su actividad y su crecimiento en una tierra poco industrializada.

Yo propongo sólo una cosa: en vez de alabarlos, ¿qué tal si les preguntamos? Quizás encontremos así nuestro modelo, que no tiene que ser el mejor sino simplemente efectivo.

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