La salud es convivir

Hoy hemos amanecido con la triste noticia de que el niño de Olot infectado de difteria ha muerto. Mis condolencias a los padres y a toda su familia que, como en cualquier caso que se ha de afrontar la muerte tan prematura de un ser querido, cargarán toda la vida con un dolor inmenso.

Este caso ha suscitado además un debate social por el hecho de que el pequeño nunca fue vacunado por decisión de sus padres, partidarios en su día de la no vacunación. A este respecto reconozco mi indignación, la incomprensión de semejante decisión y el deseo de que este caso haga recapacitar a aquellos padres que deciden luchar contra el capitalismo rampante en sus propias carnes. Lo reconozco, pero hoy, el triste final me ha hecho recapacitar e intentar acercarme a este fenómeno. De esta forma, he pasado parte de la mañana buscando los entresijos de esta historia, intentando conocer algo más de esta familia, de los grupos anti vacunas y de las opiniones más sensatas que se han asomado a este debate público.

Una crónica de Héctor Marín en El Mundo, @HMarin8, muy intimista y objetiva, ha aplacado en parte mi indignación al mostrar a una familia unida, emprendedora y amante de sus hijos: http://www.elmundo.es/cronica/2015/06/07/5572e28722601d1d578b4571.html

Otro artículo de Pablo Linde, @Pablolinde, para El País me ha ayudado a profundizar en el movimiento anti vacunación: http://elpais.com/elpais/2015/06/02/planeta_futuro/1433262146_575760.html. En este caso, la semblanza colectiva de este movimiento no ha mitigado mi incomprensión inicial. Se trata de personas comprometidas con su causa, ávidas de lecturas que justifiquen su posición y que hacen girar su vida en torno a sus razones, con poca sensibilidad a las consecuencias pues están muy seguros de su acierto y del engaño en que vivimos los demás.

El siguiente paso me ha llevado a visitar la web de la Liga para la libertad de vacunación: http://www.vacunacionlibre.org/nova/. Deben de ser días difíciles para este tipo de organizaciones, pensaba yo, y me causaba curiosidad el conocer cómo están afrontando este terrible caso. No he encontrado fisuras. La posición es la misma, teñida de condolencias pero marcada por un sobreesfuerzo en argumentar con cifras, extraños estudios y teorías de todo tipo que la difteria remitió en España antes de que se decidiera apostar por su vacunación y que dicha vacuna sigue portando una alta toxicidad. Otros miembros, imagino que los más irreflexivos, hacen comentarios como este que reproduzco con estupor: “Que mala suerte que le haya tocado a un niño que no estaba vacunado. Con un 95 % de la gente vacunada que podia enfermar, porque como ya sabemos la vacuna no protege, y enferma un niño no vacunado.Mis mejores deseos de recuperación para el niño. Comentario por Telerriba — Junio 4, 2015 @ 6:27 pm”

Exacto, qué mala suerte que haya sido un niño no vacunado. ¿Hubiera habido más suerte si el niño estuviera vacunado? ¿Hubiera habido más suerte si cualquiera de los portadores de difteria vacunados que estaban en el entorno del niño hubieran desarrollado la enfermedad? Qué mala suerte que a ellos les haya funcionado la vacuna, ¿verdad?

Curiosamente, en el artículo de Pablo Linde se hace referencia a que el movimiento anti vacunación utiliza como argumento para no vacunar a sus niños que, como la gran mayoría de la población está vacunada, los virus y bacterias no tiene dónde propagarse, así que ¿para qué arriesgarse a hacer pasar por ese trance a los suyos?
La respuesta de la doctora Jeniffer Raff para el Huffington Post es tajante: “Este es uno de los argumentos más deleznables que he oído nunca. Para empezar, las vacunas no siempre son cien por cien efectivas, por lo que es posible que un niño vacunado se contagie si está expuesto a la enfermedad. Peor aún, hay algunas personas que no pueden vacunarse porque son inmunodeficientes, o porque son alérgicas a algún componente. Esa gente depende de la inmunidad colectiva para su protección. Quienes deciden no vacunar a sus hijos frente a enfermedades infecciosas no solo están arriesgando la salud de sus hijos, sino también la de otros niños”.

Como mi intención, desde el principio, ha sido moderar mis propios ánimos, no cerraré este post pidiendo leyes o actuaciones judiciales, solo pediré que pensemos en quien queriendo vacunarse no puede, en quien pudiendo vacunarse no tiene conciencia para pedirlo, en quien padece en su salud las decisiones ajenas. La salud es, a la vez, un bien individual y público y necesita, sin más remedio, de nuestra sana convivencia y del respeto por quien no piensa como nosotros.

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